martes, 24 de enero de 2017

Lo que los demás opinan.



Miriam había tenido una vida cuidadosa.
Sus padres la habían entrenado para ser aceptada.
Tuvo mucho cuidado en escoger amigas y compañeras que le cayeran bien a la familia, y que le redundara en buena reputación.
Estudió lo que se esperaba de una hija mujer única, se recibió en el tiempo estipulado y trabajó en la misma institución hasta hoy.
Toda su vida cuidó tanto sus elecciones,que en no pocas ocasiones se encontró ante la disyuntiva: si hago tal cosa, dirán:  tal , y si no la hago, dirán:  cual. Estos devaneos la llevaban a ocupar sus pensamientos de tal manera, que su cabeza comenzaba a doler. Y más, al querer descansar, su cabeza no dejaba de ir y venir entre una y otra opción.
Al final, siempre después el mismo proceso, que podía durar una o dos semanas, terminaba escogiendo la opción menos mala.
Pasaron los años, y Miriam se siente triste, vacía. Pues ninguna de las opciones escogidas son las que hubiera deseado.
Siempre tomó el camino señalado como correcto, y ahora observa que nunca fue el que verdaderamente quiso. Y cuando alguna vez lo intentó, un gesto de desaprobación creyó ver en el rostro de su madre. Otras, tentada de tomar la opción incorrecta, ella misma se censuró,siendo presa de fuertes retortijones una vez, de dolor de estómago en otras, diarrea, contractura lumbar, etc.
¡Qué cosa rara! pensó, siempre que elijo lo que deseo , siento algo parecido a la culpa , y también siempre me duele algo.

Miriam analizó: 
Si bien se mantuvo a salvo de algunas críticas, su vida no dejó de tener inconvenientes, pues algunas personas también opinaron sobre su falta de personalidad, de carácter, de decisión, de arrojo, y eso le costó amistades,algún puesto laboral y lo que hoy más añora: le costó la posibilidad de relacionarse y de tener una pareja.

Miriam hoy tiene sesenta años  y piensa que su tren ya pasó. Y que cual sería el comentario de la gente si ella, a esta edad, se pusiera en estas cosas. Desechando la loca idea,  decide  tomar una siesta. Y como tantas veces, una idea revolotea en su cabeza, y no deja que descanse: lo hago, no lo hago...lo hago , no lo hago ... y son las 18:00 horas y no ha podido cerrar los ojos por más de cinco minutos.

Hoy Miriam supo de la muerte súbita de alguien muy joven, el impacto de la noticia, la hizo aventurarse a recorrer las opciones que su consejera le había propuesto. Se vistió rápidamente, esta vez sin formalismos, y fue a anotarse a las excursiones para adultos . Con el corazón latiendo más de lo habitual, llenó el formulario , pagó y se retiró. Llegó a su casa nerviosa, apretando el boleto que marcaba la salida para esa tarde.

En esas pocas horas, Miriam vio desfilar toda su vida. La cara seria de su mamá, el ceño fruncido de la tía, los comentarios de las vecinas, mientras el estómago parecía que iba a salirse. Aún así, decidió pensar: "Aun es tiempo y hoy decido yo". Estas breves palabras bastaron para aquietar su estómago. De a poco las imágenes fueron desapareciendo, y Miriam tuvo ganas de escoger la vestimenta adecuada.

Horror!! No tenía ropa cómoda para la salida. Todo su guardarropas era una continua reiteración de trajecitos de pollera, color  negro, gris y  beige. Un sentimiento de tristeza sobrevino, y un nudo atenazó su garganta, pues bien sabía que no tenía amigas a quienes pedir asistencia. Tampoco había tiempo. Con las fuerzas que le quedaban, escogió el pantalón gris que le quedaba más cómodo y una blusa que hacía juego. Al observarse al espejo, se sintió rígida. No había tiempo para opciones, así que lo solucionó con un  pañuelo que nunca había usado, pues creía que sus colores eran poco discretos.


En esta primer salida, Miriam estuvo nerviosa. Disfrutó menos de lo que hubiera podido, pues sacó notas de todo lo que debía tener en cuenta para su  próxima vez. Y en esta oportunidad, la primera de su vida, supo que había tomado el tren y que ya no dejaría de viajar.


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